Juegos para compartir la cuarentena con adolescentes

17/03/2020.-

¿Cómo te organizas en casa? Si ya no se te ocurren planes con tus adolescentes, Guillermo hoy nos plantea una serie de juegos clásicos que podemos retomar jugando en familia. Coged papel y boli cuanto antes. 

Existen diferentes juegos que pueden ayudar a los pequeños y no tan pequeños a ejercitar la mente, por ejemplo: los que nos ofrecen en este artículo de Verne o los puzzles de Psicoactiva. Pero no nos olvidemos de los clásicos, esos juegos de "instituto", como: 

1.- Guerra de naves

El material  era el mismo que el de la carrera de bolis. Pero cada jugador tenía una cuartilla propia, esta vez sí cuadriculada obligatoriamente, y en una de las mitades tenías que dibujar 10 naves (creo recordar que eran 10, quizá era otro número). Cuando los dos jugadores tenían sus ordas invasoras colocadas se doblaba el papel por la mitad y se intercambiaban, entonces tenías que dibujar un disparo sobre uno de los cuadros, apretando un poco (obviamente hacer trampa levantado el papel a contraluz estaba altamente penado por las normas de la comunidad de jugones). Devolvías el papel a tu contrincante y este veía si a través del papel habías tocado alguna de las naves y, obligatoriamente, este tenía que tacharla. Evidentemente ganaba el que antes acabase con todo el ejercito de su rival. Recuerdo que las peores trifulcas que te llevaban a ser descubierto por el profesor se daban cuando alguno de los jugadores se las daba de listo diciendo que no le habían tocado una nave y después su contrincante se daba cuenta que había mentido. Creo que hasta una vez alguien en clase llegó a las manos por este, en principio, tranquilo juego. Lo más divertido era hacer los ruidos de las naves y los disparos con el volumen lo más bajo posible para no ser pillados.

2.- El Stop

De nuevo un clásico del lápiz y el papel. La gran diferencia con los dos juegos anteriores era que aquí podías incorporar a más amigos a la fiesta. Una buena partida de Stop podía implicar hasta ocho jugadores si te lo montabas bien. La mayor dificultad residía en plantear una buena organización y estar atentos a las indicaciones de los demás. La dinámica del juego supongo que la recordáis perfectamente, pero por si vuestro decrépito cerebro la ha olvidado os la recuerdo: se dividía una hoja de papel en columnas con diferentes títulos “Nombre, apellido, animal, ciudad, país, objetos…” (no existía un número fijo obligatorio de categorías), entonces uno de los jugadores decía una letra y todos debían llenar las categorías con palabras relacionadas con ella que empezasen por dicha letra. Cuando alguien lograba llenarlas todas debía exclamar (lo más disimuladamente posible) “¡Stop!” y entonces todos tenían que dejar de escribir. Para puntuar se miraba cada categoría: si no la habías rellenado sumabas 0 puntos, si lo habías hecho pero repetías palabra con otra persona se sumaban 5 y si eras el único que la había escrito sumaban 10. Los escándalos generados por el lanzamiento de lápices sobre el pupitre por la rabia de no haber rellenado todos los huecos hacían que la mayoría de veces estas partidas acabasen en tragedia romana en forma de nota en la agenda para tus padres (otro día tendré que hablar sobre las dotes que como falsificador de firmas atesoré en mi escuela).

3.- La carrera de bolígrafos

Un clásico indiscutible. La mecánica es sencilla, en una hoja cuadriculada (no necesariamente) alternativamente uno de los dos participantes dibujaba un circuito más o menos plagado de curvas y estrecheces en función de la dificultad que le venía en gana aplicar a la partida. Entonces, apoyando el boli o el lápiz verticalmente sobre el papel y dentro del circuito, aplicabas la suficiente fuerza para que este resbalase y dibujase una linea. La dificultad estaba en dirigir correctamente el boli hacia la distancia y la dirección correcta para avanzar lo máximo posible hacia la meta sin salirse del circuito. En caso de salida accidental se marcaba con una “X” el punto del «accidente»  y se perdía un turno de lanzamiento. Recuerdo que las partidas siempre empezaban muy bien, pero a medida que ibas jugando más y más rondas te ibas emocionando más y más, y al final las discusiones sobre si la linea dibujada había o no sobrepasado los límites te llevaban irremediablemente a que el profesor se diese cuenta de lo que estabas haciendo y te castigase y/o expulsase de clase. Lo que sí tengo claro es que algunas de las partidas que llegué a jugar fueron totalmente épicas y dignas de recordar… ríete tú de la rivalidad entre Sena y Prost.

4.- Papiroflexia: 

Que mejor momento para practicar nuestras destrezas, os dejamos ejemplos que nos proponen desde Juegos.Infantiles, Como hacer origami o Chiquipedia. Anímate con la papiroflexia y comparte con nosotros en nuestras redes sociales.

5.- Los cuadraditos

El juego de los cuadritos, también llamado timbiriche, es el típico juego de papel y lápiz al que jugábamos de pequeños cuando nos aburríamos en clase (porque sí, en aquellos tiempos al menos yo no tenía móvil).

Es un juego en el que 2 jugadores compiten por conseguir el mayor número de cuadritos posible. Cada jugador marcará sus cuadritos o bien con una cruz o con un puntito (también sirven cruces de diferente color).

     

Tal y como se explica en Wikipedia, cada jugador en su turno une dos puntos con un segmento (o en el caso de ser un papel cuadriculado, repasa con una rayita un lado de un potencial cuadrito).

Es entonces el turno del contrincante que debe marcar otro lado y así sucesivamente hasta que uno de los dos logre cerrar el cuadrito repasando el 4º y último lado (no hace falta que todos los lados del cuadrito hayan sido marcados por la misma persona). En ese caso, marcará el cuadrito como suyo (con una cruz o un punto) y volverá a tirar. Es importante recalcar que al conseguir un cuadrito se repite turno porque así es posible obtener muchos cuadritos de una vez, y el valor de tener una buena estrategia aumenta de forma considerable.

* Los bordes exteriores del cuadrado grande que se resaltan en negrita ya están marcados por defecto, así que no hace falta emplear un turno en repasarlos de nuevo.

 

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